5 feb. 2014

Yo sonrío a la vida y ella, a veces, me devuelve la sonrisa

Me hace mucha gracia cuando me dicen que estoy bien, que se me vee bien y que estoy en una etapa muy feliz de mi vida.

-¿Qué sabéis?- me pregunto.

Emitís juicios basandos en lo que véis, escucháis, lo que os cuentan o lo que os cuento. Sonrío, sí, sonrío porque la vida se lo merece; porque estar aquí ahora es un regalo y hay que disfrutarlo cada minuto como si fuera único.

No tengo un objetivo concreto en mi vida. No quiero ser más ni menos que nada. Sólo quiero ser yo. Estoy probando ser yo en las facetas más amplias de mi vida. Aunque con algunas personas sólo comparto una parte, hay algo muy profundo naciendo en mí y expresándose día a día.

No voy a contaros mis penas, porque son mías, porque son penas y prefiero compartir alegrías. Porque me veais sonreír no es que mi vida sea de ensueño... Es porque he decidido sonreír a la vida venga lo que venga y sacar el máximo partido a todo cuando me sucede a mí y a mi alrededor.

A veces lloro, sí... A veces echo de menos situaciones, personas y momentos que ya no volverán a mí; pero cuando sucede eso, simplemente me escucho e intento descubrir qué es lo que realmente me duele, que es lo que realmente me hace falta de todo lo que echo de menos... Y descubro que no hay nada que eche de menos, que todo lo que necesito está en mí y que el secreto para ser feliz es aceptar lo que uno es, aceptar como se nos presentan las cosas y, nos gusten o no, disfrutarlas (y aprender).

No estoy en el mejor momento de mi vida, pero yo hago que lo sea, me esfuerzo cada día por sonreír, por disfrutar, por demostrar a los demás que la vida es una sonrisa en la boca y una mano que te ayuda a seguir adelante, unas palabras de aliento que te demuestran que eres importante y único. Me esfuerzo a sonreír porque sé que un día, la vida te devuelve la sonrisa y cuando la vida te sonríe es como si amaneciera en tu habitación...

Sonreír es una opción que se aprende y se contagia... ¡Sonríe conmigo!

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